viernes, 7 de mayo de 2010

parte primera

Pasaron por el puente, cerca mía. Olían a perfume y tabaco. Una mezcla asquerosa. Me volví para mirarla. En la oscuridad de su vestido negro, la luz de la colilla resplandecía entre sus pálidas manos. Como una armónica, el viento apresuraba mis pasos. Era de noche.

jueves, 6 de mayo de 2010

Ordenando cajas de cartón mentales

Si, eso. Las postales por allí, los zapatos por acá. Los libros por leer en un lado, los a medio leer en otro montón (el de las cosas que nunca termino o en el de las que nunca terminaré; algunos de ellos quizás en el de las que terminaré poco a poco). Papeles por aquí, lápices por allá. Recuerdos por un lado y sentimientos por otro. Hay que ordenar los meses por sensaciones. No no no, mejor por orden cronológico. uf, no, eso es un lío. Mejor ordenarlos por colores. En el azul los momentos donde había sol y nubes. En el rojo los momentos con heridas. En el amarillo los momentos de inspiración y luz. En el negro los momentos en los que me caí al hoyo. Uy, esos llevan varios posits de importancia, tengo que analizarlos pronto para no olvidarlos y aprender de ellos. Los buenos momentos son los que se quedan, de los malos se aprende. ¿Aguja e hilo? Me los quedo. Las lámparas de luz continua van allá. Los puntos suspensivos en aquella otra caja del fondo. La de los conceptos perdidos. Los pañuelos mejor sustituirlos por toallas. Las libretas vacías por las llenas, y las llenas por las vacías. Todo está desordenado en la autopista de mi cabeza. Las señales de tráfico confunden a los glóbulos blancos. Menos mal que mi habitación mantiene un caos ordenado. Mejor que coger la autopista, entonces, coger el camino pequeño y largo, pero para hacer una mochila perfecta -práctica pero no demasiado pesada- tengo que ordenar las cajas de cartón estas. Si. Clasificar, desechar, adquirir, tirar y transportar. Poco a poco, voy reapareciendo en mi vida. Me echaba de menos.

domingo, 2 de mayo de 2010

La inconsciencia del tiempo

Corre, vuela, acelera, se escapa. Se fue.

jueves, 29 de abril de 2010

Seres que pasean periódicos bajo el brazo

Si, hoy me siento como uno de esos seres de esa especie tan extendida ahora por las universidades que pasean el periódico bajo el brazo. Aún no se sabe bien el motivo de su conducta -de pasear el periódico- pero se intenta averiguar analizando el hecho de por qué lo adquieren. Normalmente atienden a motivos de que algunos periódicos que normalmente se pagan se pueden adquirir gratis en unos stand que hay en las facultades, y a esta especie sobrenatural le gusta coger todo lo que sea gratis, aunque luego no sepan para que sirven y den un repaso con la vista a la portada, a veces alguno hasta lee algún cúmulo de palabras y el que más, hace crucigramas. Otros de estos seres tienen asumido que un periódico no sirve para nada más que para tenerlo en el baño, pero lo pasean muy orgullosos como parte de sus complementos de ropa -ya sabéis: zapatillas de colores, relojes, pulseras, o periódicos... cosas que sirven para adornar, y en ocasiones. Otros sin embargo saben que encierra dentro una gran cultura, y por ello lo pasean en el brazo para que la gente piense que son más cultos. Hay personas que como yo, pasean periódicos igual que pasean libros en el bolso e igual que acumulan amigos a los que llamar: por querer pero carecer del tiempo. Yo me he visto paseando el periódico toda la semana, uno diferente cada día, y llevandolo de un lado a otro cogido de la mano con la iniciativa de encontrar un hueco donde por fin leerlo. Al final han sido todos abandonados en la esquina del baño, con la tristísima despedida del "luego te leo". Pero se acumulan, junto a las tareas de los luegoses, que nunca llegan. Porque la gran verdad es que el luego es un tiempo indefinido incorrecto.

sábado, 17 de abril de 2010

Hipo still alive

Había un hipopótamo sangrando tirado en la calzada dentro de un túnel. Debo resaltar, para que los lectores no se lleven un susto, que era de peluche. Eso, un hipopótamo de peluche. Una niña lo miró, pero no lo recogió. Parecía sucio. Una pareja de muchachos pasaban por allí cogidos de la mano y sintieron mucha pena. Imaginaron todas las historias que el hipo había vivido, imaginaron la cara del niño que lo había perdido. Lo recogieron y lo adoptaron para sanarlo y curarlo. A partir de ahí en esta historia se desarrollaron muchos acontecimientos difíciles de relatar y resumir: La Muchacha se fue de la ciudad y del país en el cual se encontraba el hipo y El Muchacho. Aprendió otro idioma, otra manera de vivir. Creció y olvidó al hipo. El muchacho se quedó allí, regaló el hipo a otra persona, que viajó mucho con éste. La persona se lo regaló a su vez a otra persona, que también viajó mucho con él, y le dio mucho cariño.
Unos años más tarde del día en el que el hipo fue recogido y adoptado, La Muchacha volvía a estar en la ciudad y cerca del túnel. Estaban en una barra de un bar, y El Muchacho también estaba allí, detrás de la barra. Ella estaba sentada, delante, con la mirada triste por los acontecimientos que el mundo está sufriendo, de cenizas, guerras y sangres. Bebían cerveza y hablaban de estas cosas. Cuando Una Mujer llegó y dijo a La Muchacha: "hipo still alive". Ella e sorprendió. ¿Quién era hipo? Otra persona preguntó en voz alta esa pregunta misma "¿Who is hipo?" Hipo, contó La Mujer, es un hipopótamo que ella -refiriendose a La Muchacha- recogió junto con él -refiriendose a El Muchacho- y lo salvaron, y ha estado con muchas personas viajando y ahora está conmigo". La muchacha no entendía nada. ¿Ella misma?. El Muchacho tuvo que mirarla, y decirle: lo recogimos del túnel, estaba sangrando.
El recuerdo golpeó tan fuerte a La Muchacha que se calló del taburete. O, quizás más que el recuerdo mismo, fue el sentimiento de haber olvidado el recuerdo sin entender cómo el que la golpeó. Nunca olvidaba nada, tenía memoria de elefante para pequeños detalles. Se sentía mareada. Sorbió el último trago de cerveza y comenzó a llorar: hay demasiadas guerras en el mundo, pero sin embargo un peluche de hipopótamo ha logrado sobrevivir a la maldad y al olvido, y me golpea su recuerdo para decirme algo.


jueves, 15 de abril de 2010

¡Voy a llenar las nubes de cielo!

Se abre el telón

Aparece una multitud de personas aplaudiendo. Gritan, ultra-sonidos, que son inentendibles para mí. Son demasiado fuertes, ¿o demasiado leves? Lloro. Me siento sorda y muda a la vez. Se abre el telón, no es rojo, como solemos imaginarlo, pero está manchado de sangre. Títeres bailan. Degollados. La película no tiene nombre, es la vida real.

Los que decidieron pararse un ratito indefinido