- Abuela, ¿Por qué tienes gafas?
- Porque no veo tan bien como tú, cielo.
- Y ,¿por qué tú no ves y yo si?
- Porque tengo los ojos muy gastados, he visto mucho ya. Los ojos se apagan con el tiempo. Como la vida, hijo.
Desde entonces Manuelito, cerraba los ojos siempre que podía. Normalmente intentaba ahorrar 16 horas de ojos al día, las 10 que dormía, y otras que iba sacando a ratos. Cuando pasaba por sitios que ya conocía, por ejemplo, cerraba mucho los ojos para que no se le gastaran. De todas maneras, no necesitaba ver por allí por donde ya conocía el camino. En su habitación, había quitado casi todas las bombillas, para que le diese menos luz, y acostumbrarse a no ver. Todas menos la del flexo, que mamá le había obligado a dejar. Así hacía los deberes muy rápido bajo el flexo, y se había convertido en un experto de la marathon de hacer deberes del colegio rapidísimo. Aunque si he de ser sincero, Manuelito entrenaba todos los días para aprender a escribir con los ojos cerrados, ya sabía hacer muchas cosas con los ojos cerrados. Aunque lo de leer con los ojos cerrados le era más difícil, no había encontrado una solución posible, sólo los ciegos con su alfabeto con relieve tenían ese privilegio hasta ahora. Cuando iban de viaje intentaba abrir los ojos sólo cuando había un monumento importante, para no ver demasiado, ni más de la cuenta. En clase escuchaba a la señorita con los ojos cerrados, y no le importaba que todos se rieran de él cuando le regañaban, porque de viejos todos tendrían los ojos muy muy gastados y él podría seguir viendo muchas cosas muchos años más. Así que Manuel se reía de los otros niños también. Chantajeaba a su hermana Leticia la pequeña, para que le condujera de la mano cuando iban por la calle, a cambio le recogía los juguetes 4 días a la semana y le conseguía nuevos cromos y nuevos lápices de colores, ¡qué manía tenía Leti con los colores! siempre coloreando todo. Se iba a gastar muy pronto los ojos, se acercaba mucho al papel y no dejaba nunca de mirar ,siempre con los ojos muy muy abiertos, el mundo; y siempre decía "toro ez maravillozo mamué". Y siempre le avisaba que abriese los ojos cuando había cosas no importantes. Así que Manuel también estaba intentando prescindir de ella, o no hacerle caso. Empezó a darse cuenta que la vista no era tan necesaria... Empezó a oler más que ningún otro niño, a escuchar más, y a pensar más. Se dio cuenta que a través del olor había empezado a descubrir y diferenciar muchas cosas, como tipos de flores diferentes, o cuando una persona sonreía o lloraba.
Un día su abuela le dijo:
- Manuel, ¿por qué vas siempre con los ojos cerrados por el mundo? ¡Te vas a perder muchas cosas!
- Porque no quiero que se me gasten como a tí, abuelita. El mundo se puede sentir de muchas formas, quiero ahorrar vista para cosas importantes, no tenemos que mirar siempre todo, ¡no sé qué manía tienen todas las personas con eso!
martes, 18 de agosto de 2009
domingo, 12 de julio de 2009
Gotelé
El otro día, mirando la pared aburrida en la cama y sin querer levantarme, descubrí una cosa. Me acerqué más, y más, y ahí estaba: una mujer preciosa con nariz de gato. Me pregunté, si el hombre del gotelé se habría dedicado a hacer esa preciosa cara a propósito, porque era un artista frustrado, o era una casualidad de la disposición del gotelé. No podía ser. Cuando me puse a observar más, vi también a una vieja enfadada y un perro caniche. Pero cuando quise volver a conteplar la preciosa mujer-gato ya no estaba! La busque minuciosamente por todos los trocitos de pared con formas gotelé, pero nada. Encontré un hombre mayor fumando, una jirafa, una anciana con gafas, y un gato, y un jovencito arrogante, un grupo de mujeres que reían y justo abajo un grupo de rostros de hombres que reían. Una de las mujeres miraba abajo.. Encontre tantas cosas! Pero la preciosa mujer gato fue imposible de volver a encontrar, camuflada entre los minúsculos pedacitos de gotelé...
El hombre del gotelé tuvo que tardar años en construir esta obra de arte, que nadie aún ha reconocido...
El hombre del gotelé tuvo que tardar años en construir esta obra de arte, que nadie aún ha reconocido...
jueves, 2 de julio de 2009
El cementerio de diversión
El aire ondeaba su falda. Gris y rosa. Azul y malva. El pelo jugaba con los vientos.
Cogi la bici y empezé a pedalear con cuidado por la fractura de su estructura. La bici rota, roja, antigua. Con su cesta rosa, una bici de niño, de las que es difícil subirse con falda gris y rosa. Tenía rotos los frenos y un poco el engranaje. Pero era la bici más bonita del mundo.
Tras una pequeña gota de agua llegaron otras muchas más después.
Até la bici roja a los barrotes del puente y bajé a la orilla del río, donde el bar "Los visionarios" despertaba una tarde de miércoles con olor a primavera mojada y sueños de verano. Cuando las gotas de lluvia dejaron de hacer surcos en el agua del río, cogí la bici de nuevo y añadí dos ángeles para acompañarme y seguí pedaleando sin rumbo. El no rumbo me llevó a Treptower Park.
Entre la espesura de uno de los enormes parques de la ciudad, en el corazón de su amplitud, conseguí descubrir algo que había pasado desapercibido hasta entonces: por encima de unas vallas metálicas y árboles centenarios, ví un dinosaurio. Imaginaros cómo es encontrarse de repente un dinosaurio. seguí pedaleando sin mirar más para alante sino a mi derecha, por encima de la valla y los árboles, hasta donde mi vista alcanzara. Pues más tarde ví una noria. Y luego enanos y colores y casitas amarillas y rojas y... un cartel de "prohibido el paso". A pesar de no estar preparada para una expedición até la bici y salté la valla.
Para llegar a la noria, que era lo único que podía atisbar entre la espesura de árboles y matorrales, aún me quedaba atravesar mucho bosque salvaje dejado al abandono al menos algunas décadas atrás. Me picaron tres ortigas, en las manos y piernas, y también cuatro mosquitos-tigre. La pierna se me hinchó de alergia a ese bicho animalesco, picaduras del tamaño de un limón crecieron y mi sangre se concentró en los tres nuevos limones de la piel. Pero seguí intrigada e incluso se me olvidó por un rato.
Cuando empezé a acercarme descubrí donde estaba: un parque de atracciones fantasma. Tenía estilo oriental mezclado con clásico. Una estructura fantasma de madera con un reloj parado eternamente en las doce y cuarto era la entrada a aquel lugar. Tuve un flash back: me sentí Chijiro en el viaje hacia la fantasía de Miyazaki, e intenté no perder mi nombre. No os podéis hacer una idea la similitud de ese portal de madera con la película. Empecé a ver cerdos y dibujos manga. Pero luego abrí los ojos y seguí caminando.
Había una carpa de circo con arena revuelta cerrada con cristales rotos. Una casa del terror. Un tren descarrilado. Había casas de colores con letreros como "__cadilli Cir_us" o máquinas de nubes de azúcar tristes y solas, sin niños en la cola del dulce rosa.
La naturaleza se había ido apropiando del lugar. Era hermoso ver como de repente un árbol estaba sentado en uno de los vagones de la montaña rusa, y flores rosas abrazaban el barco pirata, que nadaba en aguas pantanosas verdes, tan opacas que las piedras y los seres vivientes flotaban en la superficie. Casi andaban, más bien.
La noria roja estaba inclinada y el sol del atardecer se escondía sin éxito por atrás. La vista era de ensueño.
Las cabinas del dinero estaban tiradas por las calles, las taquillas, sillas colocadas siniestramente en lugares escondidos, y las puertas de las casitas cerradas y las ventanas rotas. Llegué entonces al cementerio de dinosaurios de plástico. El tiranosaurio tenía una pierna rota y se había caído de boca. Al brontosaurio le faltaba la cabeza y en su lugar tenía un agujero que se había adueñado una araña tejiendo una preciosa red blanca. El carril de la montaña rusa estaba roto a bocados, como si en otros tiempos aquellos dinosaurios hubieran podido hacerlo. El parque se extendía de repente en una gran superficie. A lo lejos veía más trozos de lo que fue la montaña rusa del aire, y los raíles del tren colorido se perdían entre la naturaleza hacía cualquier parte. Había una boca gigante con sombrero que sería uno de los sillones de las atracciones. Y un cisne con sillas que nadaba en el agua verde. Pájaros de colores volaban y chirriaban por allí, como si se tratara del amazonas. Entre el suelo de piedra y cemento las plantas habían abierto brechas por las que brotaban flores y vida....De repente había abandonado el sentido de tiempo y lugar y me encontraba tan cerca de la ciudad pero a la vez tan lejos, en una nada preciosa, con colores vivamente únicos, que acariciaban los últimos rallos del sol anaranjado, recubriendo todo de polvo dorado.... Llegué a dudar si soñaba.
Entre aquellos delirios de fantasía me tropecé con un tornillo en el suelo que hubiera sujetado alguna estructura al cemento. Sólo sentí el golpe y empecé a ver mucha sangre: no, no estaba soñando. Si quería una prueba la tenía bien clara. Tras algunos pañuelos bañados de rojo empecé a querer irme. Pero no me resultaba muy buena idea saltar otra vez la misma valla alta con el pie lesionado.
Anduve por los bordes intentando encontrar una mejor salida, pero cuanto más andaba más me sentía perdida y desesperada.
Entre la nada de repente salió una chica: "Hier ist toll, oder?" Si, es fantástico aquí. Vestía azul y sonreía mucho. Chapurreé alemán y le pregunté por donde había entrado porque yo quería salir. Me faltó decirlo para que una tercera persona se acercara a nosotras: el guardia venía con mucha intención de acompañarme a la salida. La chica, graciosa y loca, empezó a preguntarle cosas del parque a lo guía turístico mientras que el guardia despotricaba...
Reímos mucho al salir e intercambiamos algunos datos de vida.
- "Es como un cementerio de diversión, verdad? Es como una metafora de que todo lo que es diversión morirá abandonado y la naturaleza se lo comerá.....
Ella siguió por un camino con su bici azul y yo fui a por mi bici roja.
En el paseo hacia ella me encontré con la despedida del sol sobre el agua en colores rosas...
Nunca se sabe la de cosas que pueden suceder cuando se sale a pedalear sin rumbo......
Sonreí, para muchas horas, hasta que me dormí.

Cogi la bici y empezé a pedalear con cuidado por la fractura de su estructura. La bici rota, roja, antigua. Con su cesta rosa, una bici de niño, de las que es difícil subirse con falda gris y rosa. Tenía rotos los frenos y un poco el engranaje. Pero era la bici más bonita del mundo.
Tras una pequeña gota de agua llegaron otras muchas más después.
Até la bici roja a los barrotes del puente y bajé a la orilla del río, donde el bar "Los visionarios" despertaba una tarde de miércoles con olor a primavera mojada y sueños de verano. Cuando las gotas de lluvia dejaron de hacer surcos en el agua del río, cogí la bici de nuevo y añadí dos ángeles para acompañarme y seguí pedaleando sin rumbo. El no rumbo me llevó a Treptower Park.
Entre la espesura de uno de los enormes parques de la ciudad, en el corazón de su amplitud, conseguí descubrir algo que había pasado desapercibido hasta entonces: por encima de unas vallas metálicas y árboles centenarios, ví un dinosaurio. Imaginaros cómo es encontrarse de repente un dinosaurio. seguí pedaleando sin mirar más para alante sino a mi derecha, por encima de la valla y los árboles, hasta donde mi vista alcanzara. Pues más tarde ví una noria. Y luego enanos y colores y casitas amarillas y rojas y... un cartel de "prohibido el paso". A pesar de no estar preparada para una expedición até la bici y salté la valla.
Para llegar a la noria, que era lo único que podía atisbar entre la espesura de árboles y matorrales, aún me quedaba atravesar mucho bosque salvaje dejado al abandono al menos algunas décadas atrás. Me picaron tres ortigas, en las manos y piernas, y también cuatro mosquitos-tigre. La pierna se me hinchó de alergia a ese bicho animalesco, picaduras del tamaño de un limón crecieron y mi sangre se concentró en los tres nuevos limones de la piel. Pero seguí intrigada e incluso se me olvidó por un rato.
Cuando empezé a acercarme descubrí donde estaba: un parque de atracciones fantasma. Tenía estilo oriental mezclado con clásico. Una estructura fantasma de madera con un reloj parado eternamente en las doce y cuarto era la entrada a aquel lugar. Tuve un flash back: me sentí Chijiro en el viaje hacia la fantasía de Miyazaki, e intenté no perder mi nombre. No os podéis hacer una idea la similitud de ese portal de madera con la película. Empecé a ver cerdos y dibujos manga. Pero luego abrí los ojos y seguí caminando.
Había una carpa de circo con arena revuelta cerrada con cristales rotos. Una casa del terror. Un tren descarrilado. Había casas de colores con letreros como "__cadilli Cir_us" o máquinas de nubes de azúcar tristes y solas, sin niños en la cola del dulce rosa.
La naturaleza se había ido apropiando del lugar. Era hermoso ver como de repente un árbol estaba sentado en uno de los vagones de la montaña rusa, y flores rosas abrazaban el barco pirata, que nadaba en aguas pantanosas verdes, tan opacas que las piedras y los seres vivientes flotaban en la superficie. Casi andaban, más bien.
La noria roja estaba inclinada y el sol del atardecer se escondía sin éxito por atrás. La vista era de ensueño.
Las cabinas del dinero estaban tiradas por las calles, las taquillas, sillas colocadas siniestramente en lugares escondidos, y las puertas de las casitas cerradas y las ventanas rotas. Llegué entonces al cementerio de dinosaurios de plástico. El tiranosaurio tenía una pierna rota y se había caído de boca. Al brontosaurio le faltaba la cabeza y en su lugar tenía un agujero que se había adueñado una araña tejiendo una preciosa red blanca. El carril de la montaña rusa estaba roto a bocados, como si en otros tiempos aquellos dinosaurios hubieran podido hacerlo. El parque se extendía de repente en una gran superficie. A lo lejos veía más trozos de lo que fue la montaña rusa del aire, y los raíles del tren colorido se perdían entre la naturaleza hacía cualquier parte. Había una boca gigante con sombrero que sería uno de los sillones de las atracciones. Y un cisne con sillas que nadaba en el agua verde. Pájaros de colores volaban y chirriaban por allí, como si se tratara del amazonas. Entre el suelo de piedra y cemento las plantas habían abierto brechas por las que brotaban flores y vida....De repente había abandonado el sentido de tiempo y lugar y me encontraba tan cerca de la ciudad pero a la vez tan lejos, en una nada preciosa, con colores vivamente únicos, que acariciaban los últimos rallos del sol anaranjado, recubriendo todo de polvo dorado.... Llegué a dudar si soñaba.
Entre aquellos delirios de fantasía me tropecé con un tornillo en el suelo que hubiera sujetado alguna estructura al cemento. Sólo sentí el golpe y empecé a ver mucha sangre: no, no estaba soñando. Si quería una prueba la tenía bien clara. Tras algunos pañuelos bañados de rojo empecé a querer irme. Pero no me resultaba muy buena idea saltar otra vez la misma valla alta con el pie lesionado.
Anduve por los bordes intentando encontrar una mejor salida, pero cuanto más andaba más me sentía perdida y desesperada.
Entre la nada de repente salió una chica: "Hier ist toll, oder?" Si, es fantástico aquí. Vestía azul y sonreía mucho. Chapurreé alemán y le pregunté por donde había entrado porque yo quería salir. Me faltó decirlo para que una tercera persona se acercara a nosotras: el guardia venía con mucha intención de acompañarme a la salida. La chica, graciosa y loca, empezó a preguntarle cosas del parque a lo guía turístico mientras que el guardia despotricaba...
Reímos mucho al salir e intercambiamos algunos datos de vida.
- "Es como un cementerio de diversión, verdad? Es como una metafora de que todo lo que es diversión morirá abandonado y la naturaleza se lo comerá.....
Ella siguió por un camino con su bici azul y yo fui a por mi bici roja.
En el paseo hacia ella me encontré con la despedida del sol sobre el agua en colores rosas...
Nunca se sabe la de cosas que pueden suceder cuando se sale a pedalear sin rumbo......
Sonreí, para muchas horas, hasta que me dormí.
melodía
Colores,
Un día cualquiera
martes, 30 de junio de 2009
Amodio viajar
Los viajes me vuelven loca. Los amo y los odio.
El primer momento es el sueño: todos aquellos lugares donde sueñas ir. En este punto puedo decir que viajar es lo que más amo en el mundo.
Pero a la vez, todos esos lugares que No podré visitar me causan una angustia constante que me hace agobiarme con el tema Viajar.
El siguiente paso es hacer realidad uno de esos viajes, por pequeño o grande que este sea. Entonces llegan los planes y sueños y las miles imagenes que se forman en tu cabeza del lugar. Maravilloso.
Pero luego llega una de las partes odiosas: hacer realidad el plan. Buscar vuelo, comprar un chubasquero o un paracaidas, o cremas, y por cierto aquello otro.
Entonces odio los viajes.
Pero cuando todo eso está solucionado, llega el momento en el que faltan semanas, o días, y todo el mundo te pregunta, y tu dices, con brillo en los ojos: "Si, voy a Parapanchin" el corazon se me agranda y la alegria me inunda. Amo los viajes!
Pero entonces... llega el día antes de irme. Y me encuentro con el momento en el que mas odio los viajes: hacer la maleta. Las odio. Se me resisten, y mira que viajo, cambio de estrategia y de maleta y me reinvento. Pues nada.
La hago, la deshago, meto aquello, pongo esto, saco lo otro y lo vuelvo a meter. Lleno la maleta de porsiacasos. ¿Cuanto pesa ahora? Necesito sacar un porsiacaso. Pero pongo dentro otros dos.Por si acaso llueve. Por si acaso hace calor. Pesa 20 gramos menos. Necesito que pese 3 kilos menos. Me empiezo a desesperar, no se como elegir. ¿Y la bolsa de mano? Esta perfecta! ¿? No me lo creo! Ah no, la comida y los chocolates de regalo. Pues pasa sin ellos. ¿Sin la comida!? NOooo!Puf. Me empiezo a agobiar. Tengo todo repartido por la habitación y miles de dudas y de "cosas de ultima hora" me bombardean el cerebro, empiezo a maldecir y estar borde, lloro un poco, y luego digo: mañana termino.
Mañana nunca llega: es un mismo día constante. Me levanto cuatroprecientas veces en la noche por miedo a quedarme dormida cuando suene el despertador y la noche se me hace interminable. Digamos que no llego a dormir.
Pero al fin Mañana llega, me levanto tarde, no me da tiempo a terminar la maleta, lo hago todo rapido, me acuerdo de dos porsiacasos más, los meto, me da igual todo, desayuno porque necesito para no caerme de sueño y hambre, y pierdo mucho tiempo terminandome el café y llega el momento vertiginoso: tengo que ir deprisa para no perder el avión/tren/bus. Me empiezo a acordar de todo lo que he olvidado. No sé cuantos kilos tendré que dejar en el aeropuerto o si el equipaje de mano es muy grande. Empiezo a meter los cargadores de movil y las pequeñas piezas por los bolsillos de la chaqueta y me duele la barriga de los nervios.
Al final llego mas temprano que nadie, facturo, y paso el control, y tengo que esperar mucho rato aburrida paseando por el Duty Free y haciendo como que leo uno de los libros que me había llevado por si acaso pero en los que no me puedo concentrar.
Al contrario que mucha gente que empieza a tener nervios cuanto mas cerca está del avión, yo empiezo a relajarme. Una vez que estoy sentada, ya soy feliz. No heperdido el avión, ni me han echado atrás la maleta y todo lo que se me ha olvidado ya da igual: estoy en camino! Las ilusiones vuelven y vuelvo a olvidar la parte en la que odio los viajes. Me acurruco en el avion, hago como que pienso, miro como el avión despega y un suspiro hace turbulencias: me encanta viajar.
El primer momento es el sueño: todos aquellos lugares donde sueñas ir. En este punto puedo decir que viajar es lo que más amo en el mundo.
Pero a la vez, todos esos lugares que No podré visitar me causan una angustia constante que me hace agobiarme con el tema Viajar.
El siguiente paso es hacer realidad uno de esos viajes, por pequeño o grande que este sea. Entonces llegan los planes y sueños y las miles imagenes que se forman en tu cabeza del lugar. Maravilloso.
Pero luego llega una de las partes odiosas: hacer realidad el plan. Buscar vuelo, comprar un chubasquero o un paracaidas, o cremas, y por cierto aquello otro.
Entonces odio los viajes.
Pero cuando todo eso está solucionado, llega el momento en el que faltan semanas, o días, y todo el mundo te pregunta, y tu dices, con brillo en los ojos: "Si, voy a Parapanchin" el corazon se me agranda y la alegria me inunda. Amo los viajes!
Pero entonces... llega el día antes de irme. Y me encuentro con el momento en el que mas odio los viajes: hacer la maleta. Las odio. Se me resisten, y mira que viajo, cambio de estrategia y de maleta y me reinvento. Pues nada.
La hago, la deshago, meto aquello, pongo esto, saco lo otro y lo vuelvo a meter. Lleno la maleta de porsiacasos. ¿Cuanto pesa ahora? Necesito sacar un porsiacaso. Pero pongo dentro otros dos.Por si acaso llueve. Por si acaso hace calor. Pesa 20 gramos menos. Necesito que pese 3 kilos menos. Me empiezo a desesperar, no se como elegir. ¿Y la bolsa de mano? Esta perfecta! ¿? No me lo creo! Ah no, la comida y los chocolates de regalo. Pues pasa sin ellos. ¿Sin la comida!? NOooo!Puf. Me empiezo a agobiar. Tengo todo repartido por la habitación y miles de dudas y de "cosas de ultima hora" me bombardean el cerebro, empiezo a maldecir y estar borde, lloro un poco, y luego digo: mañana termino.
Mañana nunca llega: es un mismo día constante. Me levanto cuatroprecientas veces en la noche por miedo a quedarme dormida cuando suene el despertador y la noche se me hace interminable. Digamos que no llego a dormir.
Pero al fin Mañana llega, me levanto tarde, no me da tiempo a terminar la maleta, lo hago todo rapido, me acuerdo de dos porsiacasos más, los meto, me da igual todo, desayuno porque necesito para no caerme de sueño y hambre, y pierdo mucho tiempo terminandome el café y llega el momento vertiginoso: tengo que ir deprisa para no perder el avión/tren/bus. Me empiezo a acordar de todo lo que he olvidado. No sé cuantos kilos tendré que dejar en el aeropuerto o si el equipaje de mano es muy grande. Empiezo a meter los cargadores de movil y las pequeñas piezas por los bolsillos de la chaqueta y me duele la barriga de los nervios.
Al final llego mas temprano que nadie, facturo, y paso el control, y tengo que esperar mucho rato aburrida paseando por el Duty Free y haciendo como que leo uno de los libros que me había llevado por si acaso pero en los que no me puedo concentrar.
Al contrario que mucha gente que empieza a tener nervios cuanto mas cerca está del avión, yo empiezo a relajarme. Una vez que estoy sentada, ya soy feliz. No heperdido el avión, ni me han echado atrás la maleta y todo lo que se me ha olvidado ya da igual: estoy en camino! Las ilusiones vuelven y vuelvo a olvidar la parte en la que odio los viajes. Me acurruco en el avion, hago como que pienso, miro como el avión despega y un suspiro hace turbulencias: me encanta viajar.
Pero no.
No estuvimos mojadas para siempre.
Llegué a España y había sol.
El sol seca todo.
Me sequé rapidamente las lágrimas. Tuve incluso sequía de lágrimas.
Y me dolían las comisuras de los labios de reir.
Ay!
También recuperé las irenes que se me habían perdido: las que estaban en el mercadona, en mi habitación, en mis colores, en mis ropas que no pude traer por peso en la maleta.... pero sobretodo las que estaban revolviendose en mí haciéndome cosquillas.
También encontré irenes que se me habían perdido en personas: encontré la irene en la Vicky que se me había perdido, la Laura, la mari, la Aurea, Sera o Rocío o Sara o .... las irenes y los trozos de otros (que ya también son yo) que me daban abrazos, las que había rellenado durante años con puzzles bien formados.
Subi tan alto como una o dos giraldas nueve veces de aquí a Antequera. O más.
Empecé a hacer las csoas poco a poco.
Ordené un poco de caos.
Saqué monstruos del armario.
Aprobé los dos exámenes que me había propuesto hacer-sólo dos, pero ya haré los otros diez, es más facil conseguir de dos en dos- y no rodé escalera abajo por querer saltar diez escalones a la vez.
cuando ya recogí todo el cariño que me faltaba, volví al frío de la distancia a empezar a disfrutar la experiencia que ya se acaba.
Estoy en Berlin de nuevo. Seca . Y me quedan dos meses que pasarán volando para consumir todo preferentemente antes de que el tiempo se acabe.
No estuvimos mojadas para siempre.
Llegué a España y había sol.
El sol seca todo.
Me sequé rapidamente las lágrimas. Tuve incluso sequía de lágrimas.
Y me dolían las comisuras de los labios de reir.
Ay!
También recuperé las irenes que se me habían perdido: las que estaban en el mercadona, en mi habitación, en mis colores, en mis ropas que no pude traer por peso en la maleta.... pero sobretodo las que estaban revolviendose en mí haciéndome cosquillas.
También encontré irenes que se me habían perdido en personas: encontré la irene en la Vicky que se me había perdido, la Laura, la mari, la Aurea, Sera o Rocío o Sara o .... las irenes y los trozos de otros (que ya también son yo) que me daban abrazos, las que había rellenado durante años con puzzles bien formados.
Subi tan alto como una o dos giraldas nueve veces de aquí a Antequera. O más.
Empecé a hacer las csoas poco a poco.
Ordené un poco de caos.
Saqué monstruos del armario.
Aprobé los dos exámenes que me había propuesto hacer-sólo dos, pero ya haré los otros diez, es más facil conseguir de dos en dos- y no rodé escalera abajo por querer saltar diez escalones a la vez.
cuando ya recogí todo el cariño que me faltaba, volví al frío de la distancia a empezar a disfrutar la experiencia que ya se acaba.
Estoy en Berlin de nuevo. Seca . Y me quedan dos meses que pasarán volando para consumir todo preferentemente antes de que el tiempo se acabe.
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