viernes, 9 de abril de 2010

Irenita




Os presento a Irenita.
(¡ mi primer dibujo con la Bamboo!)
Como dije, volvería fuerte, con ganas, con innovaciones, con rescates, con personajes, con más irenes, con colores, con nuevas herramientas, con pinceles, brochas, palabras, sopas de letras, con rojos, con primaveras, recuerdos, y amalgamas, con juegos y ganas, y con sorpresas, alegrías y tristezas, y con muchas cosas más.
Bueno, no dije todo eso. Pero todo eso quería decir con mi promesa.
Irenita es y será la personaje de muchas historietas.
Espero que le cojáis cariño. También espero que no me la critiquéis mucho. Sé lo limitada que está su coloración y volumen. En un futuro os agradeceré la lluvia de criticismo, pero hoy, para el garabato que me he conseguido realizar en una hora con mi nuevecita Wacom -la hora completa con una sonrisa de oreja a oreja como esa, de niña pequeña- espero me dejéis disfrutar de mi satisfacción personal repleta por hoy.

¡Hasta pronto!

jueves, 8 de abril de 2010






Sesión en un Photoautomat (fotomatón) de los antiguos en Berlín. Fue allá por abril hace exactamente más o menos un año, cuando quería resumir con dos euros qué era YO en la ciudad alemana. Un mapa por allá, la nueva cámara de fotos, unas gafas de sol, y muchos más elementos y sentimientos que también salen en la foto, aunque no se puedan ver.
Luego me volví adicta a ellas - a las fotos de fotomatón, con todos mis visitantes, con desconocidos. También a ellas - a las Irenes.

Renovando cosas y resurgiendo.
Limpiando y actualizando informaciones informáticas y de paso, toqueteando la nueva Bamboo -por ello el hola rojo cutre... son mis primeros pasitos!

Hola.

La Libreta Roja -a tinta cruda

Hay cosas que me gustan. El chocolate, el queso con tomate, la cerveza y follar. El atardecer y la nostalgia, mentirme a mi misma un poco y desengañarme, contarme verdades, descubrir cosas que ya sabía, abrazar y reir, y hacer dramas. Llorar, y el café con galletas. Viajar y retornar. Descubir y empolvar. Y las mañanas de domingo, y las tardes en casa. Hay cosas que no me gustan: el picante, los gusanos, tener alergia a los gatos y el papel higiénico rosa. Y discutir por discutir, y no llevar razón. Y la arrogancia y el orgullo. El gotelé y el anís, el whisky y las películas de miedo psicológico o sangre gratis. O no acabar los libros que empiezo.
Hay cosas que no sé si me gustan o no, que me confunden. Que creo que las odio pero las hago, que me digo que me encantan pero me hacen vomitar. Como sufrir o amar. Como fumar. O emborracharme. O la fruta, que a veces no puedo vivir sin ella, y me deleito como con el más grande de los placeres y en cambio a veces no puedo ni verla, me da pereza pelarla, se me pudre en la nevera. Hay cosas que empiezan a ser ambiguas. Como comprar el periódico y llevarlo bajo el brazo sin leerlo.
Las prioridades vuelven a cambiarse, como si viviera en una sartén y fuera puro y fresco sentimiento salteado a fuego vivo. Que se quema o se cae fuera. Que está todo el día saltando. O como un cubo de rubik que alguien -de los que no saben hacerlos, de esas personas que nunca consiguieron de pequeños aprender a hacer uno y luego le cambiaron las pegatinas- lo estuviera haciendo. Pero haciendolo jodidamente mal. Y ahora amarillo aquí, y verde allá. Mi color preferido es ayer el azul y hoy el rojo. Soy irresistible y egocéntrica hoy y mañana no puedo enfrentarme a mirar ni al mango de la ducha que refleja un ápice de lo que ni soy. No.
Y siempre que pasan estas cosas, se necesita mucho tiempo. Un montón. Y aunque acabes de salir de un hoyo parecido, de repente aqui estamos, volviendo a pegarle patadas fuertes a la misma piedra como una muñeca de vidioconsola con la pila medio gastada y el botón del mando de saltar bloqueado. ñec, ñec, ñec.
Tiempo, si. Para volverse a reconstruir, para pensar, para descubir de nuevo qué me gusta y qué no, para probar todo, para probarme a mí misma, y superarme o abatirme cada día, destrozarme y recogerme en pedazos cada noche para intentar ser el puzzle correcto por la mañana. Pero una pieza no encaja, y vuelta a empezar.
El caso es que cada vez estoy más cerca, y cuanto más cerca estás más duele. Estás más feliz y al mismo tiempo se llora con más intensidad. No tiene sentido nada.
Al fin y al cabo, una llega el día en que empieza a volver a empezar a empezar.
Con un libro mal escrito y bien tragado sobre guerra , historia política y arte. Con una frase, con un zumo de naranja. Con un beso en el ascensor, por coger un cepillo de dientes y un ¡ay!,¿que haría yo sin tí?. Por un donut, por uno o dos excesos en los incesos. Y todas esas cosas.
El caso es, que vuelvo a explicarme a mí misma, a las palabras, y a este mundo donde no cabe nadie más que yo , yo y las otras yos, y no cabe ni él, ni tú, ni ellos, ni esa yo, ni aquel él.
Bienvenida al mundo, le dijo al alma, bienvenida a los buenos días, bienvenida al comienzo de tú, al final de las noches perdidas, a la realidad, tan dura y grande como una patata gigante que tengo que cargar nueve pisos hacia el cielo.




Vuelvo a recargar tinta y teclear fuerte. Esta vez de verdad.
Perdonen mi ausencia, ausentes lectores.
Me lavo la cara, los dientes, las manos: y a volver a empezar a empezar.

jueves, 4 de febrero de 2010

Desecho humano

Desecho humano o desecha humana: digase de aquel individuo o individua que se ha roto en pedazitos, que se ha derretido por la luz de una bombilla, que tiene el cerebro chamuscado por un torrencial demencial de inspiración, o que tiene un alcoholismo estudioso enfermizo derivado en continuas borracheras de conceptos, lo que suele conllevar efectos secundarios como hipo intelectual agudo o vomitera de párrafos de apuntes de universidad. También aquella persona que se ha tirado a sí misma a un contenedor, metido en una bolsa de basura -ya sea por accidente, por carnaval o a caso hecho. Dícese además, del sujeto al que le duele la espalda, la cabeza, los dedos, los párpados, el alma y todo lo que pueda doler, o que está tan cansado que no puede ni sonreir, tan tan cansado que no se duerme.
También es un sítoma de agotamiento muscular, fiestil, estudiantil, examinil, gastronómico o científico.
Y por último, y el más grave y desechado de todos los desechos humanos, se puede definir como aquel individuo que sufre de todo lo anterior junto. No se detallarán los efecos secundarios por seguridad mental de los lectores.


Buenas noches:


Firmado; desecha humana tipo peligroso

viernes, 27 de noviembre de 2009

miércoles, 25 de noviembre de 2009

Todomesalealreves





He vuelto :)

Siento haber estado tan ausente.
¡Pero vuelvo con fuerza!

martes, 18 de agosto de 2009

El niño que no quería gastar sus ojos

- Abuela, ¿Por qué tienes gafas?
- Porque no veo tan bien como tú, cielo.
- Y ,¿por qué tú no ves y yo si?
- Porque tengo los ojos muy gastados, he visto mucho ya. Los ojos se apagan con el tiempo. Como la vida, hijo.

Desde entonces Manuelito, cerraba los ojos siempre que podía. Normalmente intentaba ahorrar 16 horas de ojos al día, las 10 que dormía, y otras que iba sacando a ratos. Cuando pasaba por sitios que ya conocía, por ejemplo, cerraba mucho los ojos para que no se le gastaran. De todas maneras, no necesitaba ver por allí por donde ya conocía el camino. En su habitación, había quitado casi todas las bombillas, para que le diese menos luz, y acostumbrarse a no ver. Todas menos la del flexo, que mamá le había obligado a dejar. Así hacía los deberes muy rápido bajo el flexo, y se había convertido en un experto de la marathon de hacer deberes del colegio rapidísimo. Aunque si he de ser sincero, Manuelito entrenaba todos los días para aprender a escribir con los ojos cerrados, ya sabía hacer muchas cosas con los ojos cerrados. Aunque lo de leer con los ojos cerrados le era más difícil, no había encontrado una solución posible, sólo los ciegos con su alfabeto con relieve tenían ese privilegio hasta ahora. Cuando iban de viaje intentaba abrir los ojos sólo cuando había un monumento importante, para no ver demasiado, ni más de la cuenta. En clase escuchaba a la señorita con los ojos cerrados, y no le importaba que todos se rieran de él cuando le regañaban, porque de viejos todos tendrían los ojos muy muy gastados y él podría seguir viendo muchas cosas muchos años más. Así que Manuel se reía de los otros niños también. Chantajeaba a su hermana Leticia la pequeña, para que le condujera de la mano cuando iban por la calle, a cambio le recogía los juguetes 4 días a la semana y le conseguía nuevos cromos y nuevos lápices de colores, ¡qué manía tenía Leti con los colores! siempre coloreando todo. Se iba a gastar muy pronto los ojos, se acercaba mucho al papel y no dejaba nunca de mirar ,siempre con los ojos muy muy abiertos, el mundo; y siempre decía "toro ez maravillozo mamué". Y siempre le avisaba que abriese los ojos cuando había cosas no importantes. Así que Manuel también estaba intentando prescindir de ella, o no hacerle caso. Empezó a darse cuenta que la vista no era tan necesaria... Empezó a oler más que ningún otro niño, a escuchar más, y a pensar más. Se dio cuenta que a través del olor había empezado a descubrir y diferenciar muchas cosas, como tipos de flores diferentes, o cuando una persona sonreía o lloraba.

Un día su abuela le dijo:
- Manuel, ¿por qué vas siempre con los ojos cerrados por el mundo? ¡Te vas a perder muchas cosas!
- Porque no quiero que se me gasten como a tí, abuelita. El mundo se puede sentir de muchas formas, quiero ahorrar vista para cosas importantes, no tenemos que mirar siempre todo, ¡no sé qué manía tienen todas las personas con eso!

Los que decidieron pararse un ratito indefinido